¿Resistirá Trump?

Los gobernantes de todos los países han actuado –en mayor o menor medida- mal y tarde contra el daño que está causando la nueva variante de coronavirus, COVID-19. Trump, no ha estado exento de ello. Al principio, se lo tomaba con sorna e incluso se negaba a hacerse el test porque carecía de síntomas. No obstante, en los últimos días, cuando la situación se ha agravado, su semblante alegre y explosivamente enérgico ha mutado en uno triste. No solo por la situación, sino por los posibles riesgos económicos y geopolíticos que esta crisis entraña. No es descartable, en un contexto de caída generalizada de las bolsas de todo el mundo occidental, que se produzcan ofensivas de ciertos gobiernos extranjeros dirigidas a adquirir acciones de empresas estratégicas. Tanto Trump como los gobiernos europeos son plenamente conscientes de este riesgo, tanto que incluso en España se han tomado medidas al respecto para proteger la integridad del mercado de valores nacional. Queda por ver, en todo caso, cómo afectará esta crisis al delicado equilibrio geopolítico entre Occidente y China. De momento, la economía del gigante asiático parece mantener perspectivas de crecimiento pese a la difícil coyuntura. 

En frente, tenemos a una economía occidental paralizada – en gran parte por las malas decisiones gubernamentales- metida de lleno en una crisis que, según algunos analistas, puede ser aún peor que la de 2008. Yendo al caso particular norteamericano, el gobierno federal actuó tarde y se enfrenta ante la disyuntiva de declarar el estado de alarma a nivel federal o de dejar margen de maniobra a los estados, condados y municipios. El virus está más bien enfocado en Nueva York y California, el país es muy grande y es complicado conciliar eficiencia sanitaria con eficiencia económica. El objetivo del gobierno debería ser, como es lógico, salvar las mayores vidas posibles, pero la falta de contundencia inicial por parte de la administración Trump ha provocado una nueva guerra mediática contra ella. 

Pero, ¿cuál ha sido el impacto en la economía norteamericana y qué medidas se han tomado hasta el momento? A nivel económico, la Reserva Federal ha hecho todo lo que podía  bajando los tipos a un 0,25 %. El gobierno federal, ha declarado el estado de emergencia, ha incrementado el gasto sanitario, costeará las pruebas de COVID- 19, ha eliminado temporalmente los impuestos que se pagaban por cotizaciones a la Seguridad Social y entregará 1000 dólares a cada estadounidense adulto. Medidas, a nivel económico, correctas, pero que no han evitado que un Dow Jones que se acercaba a los 30 mil puntos haya bajado a menos de 20 mil o que –por estimaciones hechas por Goldman Sachs- el desempleo llegará al 6% para caer al 5% en el último trimestre del año. Es decir, por ahora, y a falta de analizar cómo evoluciona la situación, toda la bonanza económica, el punto fuerte de Trump, se ha esfumado.

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En Noviembre hay elecciones presidenciales. El probable candidato demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden, no las tiene todas consigo: ciertos escándalos de corrupción aún lo rodean, y es previsible que Trump trate de atacarlo presentándolo como la imagen viva del establishment washingtoniano. Pero, si no hay un vuelco en las previsiones económicas, es difícil que se reproduzca el milagro de 2016. Si ven que han perdido su trabajo, los trabajadores industriales hartos del sistema se quedarán en casa. A Trump solo le quedaría en este escenario hacer una campaña estrambótica, intentar convencerles de que la bonanza económica volverá con él y apelar a una política exterior de America First que tanto gusta a su base de votantes. 

¿Sería suficiente? ¿Resistirá Trump? Más le vale si no queremos volver a los tiempos de Obama y a un GOP totalmente cooptado por el establishment y alejado de los valores e inquietudes de los votantes conservadores. 
  
       D. Marcelino

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