El patriotismo español

El patriotismo es una de tantas actitudes que han pasado de moda y han quedado marginadas por la absoluta hegemonía cultural progresista. Después de todo, ¿para qué ser patriota en la era de Netflix e Instagram? ¿Cuántos likes nos aporta ser patriota? ¿Tiene algún reconocimiento social? Contribuir a mejorar el propio país siempre ha sido considerado una virtud, pero hay razones fundadas para pensar que, entre las generaciones presentes, sobre todo las más jóvenes, se ha convertido en una palabra vacía. ¿Qué incentivos tiene el joven medio para decirse patriota? Como algún amigo me declaraba sin el menor atisbo de vergüenza hace años: "Yo no soy patriota, no ayudo a mi país porque mi país no me da nada". 

Sin embargo, sería un error suponer que tal actitud se debe únicamente a una crianza con excesivas comodidades, bajo el manto sobreprotector de la moderna sociedad relativista y hedonista, en la que se tienen derechos pero no obligaciones (aunque qué duda cabe de que esto ha sido determinante). Al fin y al cabo, el patriotismo nunca ha formado parte de la educación de los jóvenes, y en nuestra España de hoy pocos esfuerzos de pedagogía social se han hecho para trasladar a los ciudadanos la importancia crucial de la lealtad al país. En ausencia de una élite que fomente los valores patrios, el patriotismo español de los años recientes se ha visto inexorablemente ligado a la justa indignación provocada por el desafío abierto a la soberanía nacional que supuso el llamado procés. Fue el pueblo, no un líder ni un partido concretos, el que promovió el movimiento de la "España de los balcones". Frente a unas clases directoras que, salvo honrosas excepciones, optaban por el "diálogo" (cuando no por la connivencia) con golpistas declarados, los españoles se lanzaron a las calles en defensa de la unidad de su patria. Es imposible no conmoverse profundamente ante esta movilización de la sociedad civil que contrasta con la cobardía de su clase dirigente, la cual, no podemos olvidar, ha sido históricamente una actitud típicamente española: viene a nuestra memoria el recuerdo de la Guerra de la Independencia, cuando el pueblo se alzó en armas contra el francés, mientras las élites adoptaban un papel pasivo o colaboraban activamente con el invasor (salvo, como es natural, los mejores de ellos: Floridablanca o Jovellanos son una buena muestra).

Guerra de Independencia Española (1808-1814) – LHistoria

La respuesta a esta repentina oleada de patriotismo popular ha sido variopinta. No pocos dirigentes políticos han intentado apropiarse de ella. La reacción del consenso cultural dominante, como era de prever, ha sido de desprecio y burla: "fachas", "cuñados", "ultraderecha"... (sí, el establishment no es demasiado innovador en cuanto a sus epítetos preferidos). Ello, sin embargo, y hasta la fecha, no solo no ha frenado el renacido patriotismo español, sino que incluso ha propiciado un descrédito cada vez mayor de los medios de comunicación de masas y de los portavoces principales del progresismo cultural e intelectual. ¿Quién no ha visto, en cualquier gran diario digital, la típica noticia con obvias lecturas ideológicas progresistas que es invariablemente vapuleada en la sección de comentarios? 

Pero tampoco conviene exagerar. Aunque es admirable el despertar de la sociedad española en cuanto a la defensa de su país, este debe ser canalizado a través de los medios políticos adecuados para poder ofrecer una respuesta lúcida y eficaz a los desafíos que afronta España. Una parte indispensable dentro de este proceso es la elaboración intelectual. A diferencia de otros movimientos construidos mediante la apelación a las pasiones más bajas del ser humano (la envidia, el resentimiento, el odio a lo diferente, etc.), el patriotismo español debe aspirar a la más perfecta fusión entre los sentimientos más elevados y la máxima altura de ideas. El sentimiento sin la razón es sentimentalismo, la razón sin el sentimiento es brutalidad. 

El debate intelectual en torno al patriotismo español es, por tanto, más necesario que nunca. ¿Qué implica ser español en el siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la tradición y de la herencia recibida en la construcción de España? ¿Qué relación debe existir entre España y Europa? ¿Está España más allá de la derecha y la izquierda? Estas son las preguntas que los patriotas deben (debemos) comenzar a responder. 

El Conservador Español

Comentarios

Entradas populares